Padre Daniel Bertea, Superior de los Misioneros de la Consolata Argentina acompañado por el Equipo Directivo del Colegio de Mendoza y el estudiante Lautaro Gutiérrez.
En los Colegios del IMC Argentina de Mendoza y Córdoba, dos historias recientes han conmovido profundamente a sus comunidades educativas: la de Lautaro Gutiérrez, quien recibió un trasplante cardíaco, y la de Maite Vitola quien, tras una difícil decisión médica y familiar, inició una nueva etapa de vida con una prótesis en su piernita. Ambas experiencias, marcadas por el desasosiego, la esperanza y la fe, han sido acompañadas de cerca por la comunidad educativa y los Misioneros de la Consolata, mostrando el valor de la solidaridad y la presencia fraterna en momentos decisivos.
Por Equipo de Comunicaciones Consolata Argentina

Lautaro Gutiérrez, estudiante del Colegio Nuestra Señora de la Consolata de Guaymallén. Mendoza, el cual cursa actualmente 5° año del Nivel Secundario, vivió el año pasado, una situación límite cuando una miocarditis aguda deterioró gravemente el funcionamiento de su corazón. Tras semanas de internación y luego de ingresar a la lista de espera del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI), el 30 de septiembre llegó el órgano que le permitiría seguir viviendo. La cirugía fue exitosa y, seis meses después, Lautaro sorprende a los médicos con una recuperación muy favorable. Con cuidados y controles permanentes, ha podido regresar a las aulas, compartir nuevamente con sus compañeros y comenzar su último año. Su participación en el tradicional “Último Primer Día” fue un momento especialmente emotivo para toda la comunidad educativa, que durante meses había acompañado a su familia con oraciones y gestos de cercanía.
Tras estos acontecimientos, Padre Daniel Bertea, superior del IMC Argentina y Padre Donald Mwensa, animador del IMC Mendoza, una vez más, visitan a nuestro estudiante y renuevan sus bendiciones para que su salud siga mejorando.

Casi en paralelo, Maite Vitola, estudiante del Colegio San Pablo VI de San Francisco. Córdoba, quien cursa actualmente 2° grado de la Escuela Primaria, atravesaba una batalla distinta pero igualmente desafiante. Después de un trasplante óseo realizado en abril, su pierna comenzó a luchar contra una infección provocada por bacterias que se alojaron en el hueso. La situación se agravó y debió ser internada en terapia intensiva. Frente a un panorama complejo, los médicos plantearon dos opciones: intentar mantener el trasplante con un dispositivo que reemplazara el hueso, lo que dejaría su pierna con importantes limitaciones, o realizar una amputación para posteriormente colocar una prótesis que le permitiera recuperar movilidad y calidad de vida.
Tras dialogarlo profundamente con su familia, esta tomó la decisión de iniciar un nuevo camino. La amputación significó despedirse de su pierna, pero también abrir la puerta a una nueva etapa. Con esta decisión ella podrá volver a caminar, jugar y saltar, retomando poco a poco las actividades propias de su edad. Su testimonio, lleno de valentía y esperanza, se ha convertido en un signo de fortaleza para quienes la rodean.
En ambos casos, la comunidad educativa y los Misioneros de la Consolata han estado presentes de manera constante en cada uno de estos procesos. Sacerdotes, directivos. profesores, compañeros y familias acompañaron cada momento con cercanía, oración y gestos concretos de apoyo. En las aulas, en las celebraciones y en los momentos más difíciles, se hizo visible una red de contención que refleja el espíritu de fraternidad que caracteriza a estas instituciones.
Estas dos historias, distintas en sus circunstancias pero unidas por la esperanza, recuerdan el valor de la vida y la importancia de caminar juntos en los momentos más difíciles. Para muchos, lo sucedido con Lautaro y Maite han sido vivido como “verdaderos milagros”: signos de que, aun en medio de la fragilidad, la vida siempre encuentra caminos para renacer cuando existe amor, comunidad y fe compartida



